
"Buenas tardes, Sra. Rana".
La rana se sorprendió al verlo y empezó a temblar de miedo.
"Buenas tardes, escorpión. Por favor, aléjate de mí".
"¿Qué le pasa, Sra. Rana? ¿Por qué me teme? Sé que mi fama no es muy buena, pero yo sólo vengo a pedirle un favor".
La rana, temerosa, le preguntó:
"¿Qué deseas, en qué te podría servir yo?".
''Necesito cruzar el río. Del otro lado se encuentra mi familia, mi esposa y mis cinco adorados hijos, tengo que verlos, creo que me necesitan. Pero, si me lanzo al río, moriría irremediablemente, y es por ello que le pido que me ayude a cruzar, yo me subo en su dorso y una vez del otro lado no la volveré a molestar. ¿Me ayuda?".

"Vamos, lo llevo".
Y así fue. El escorpión subió al dorso y juntos se adentraron en el río. Pero para sorpresa de la rana, a la mitad del río, el escorpión ¡clavó su aguijón en ella inyectándole su veneno!. La rana empezaba a morir y, sin embargo, alcanzó a decir unas palabras:
"Pero, escorpión, ¿por qué lo haces?, me estoy muriendo y ahora tú también te vas a morir, ni siquiera podrás ver a tu familia. ¿Por qué lo hiciste?, ¡por qué!".
El pequeño vivíparo, con una gran tranquilidad y con una voz grave, respondió:
"Por que soy un escorpión y eso es lo que hacemos los escorpiones”.
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