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domingo, 19 de noviembre de 2023

domingo, 26 de julio de 2020

Encuentro con Mujeres Notables


Aprender a conectarnos con nuestro interior y trabajar permanentemente con nuestra creatividad para encontrarnos con nosotros mismos.




viernes, 3 de julio de 2020

¿CÓMO PODEMOS VENCER LOS MIEDOS?






      El miedo es una emoción inherente al ser humano. Está ahí desde que nacemos hasta el mismísimo día de nuestra muerte. Por ello, se antoja muy importante saber convivir con él y aceptar que siempre nos acompañará en cualquier decisión que tomemos. Por eso, aunque en ocasiones este sentimiento nos desborde, es importante aprender a vencer el miedo para que este no nos paralice.

      Sentir miedo no es malo. Esta emoción suele activarse cuando estamos ante una situación de peligro. El problema es que, en ocasiones, es irracional. Es decir, no es un miedo real. Sentir temor a hablar en público o a la posibilidad de que una relación se rompa es fruto de inseguridades. Aunque, también, probablemente estén actuando determinadas creencias que será necesario cuestionarnos.

      «Nunca dejes que el miedo sea tan grande que te impida seguir adelante»
      -Anónimo-





Formas de vencer el miedo para que este no controle nuestra vida

      Muchos de vosotros pensaréis que tener este sentimiento es típico de una persona cobarde que no sabe afrontar su vida. Pero nada más lejos de la realidad. Y es que el miedo es también una forma de autoprotección ante cualquier situación de peligro, sobre todo cuando ponemos en riesgo nuestra integridad física. Si eres una persona que asiduamente tiene miedo, no te preocupes, es de lo más normal. Lo que hay que evitar es dejarse llevar por el miedo y perder el control.

      Sólo tienes que saber convivir con él y controlarlo cuando realmente sea necesario. Ante esto, seguro que muchos de vosotros os preguntareis lo siguiente. ¿Cómo podemos vencer el miedo? ¿Y qué hay que hacer para controlarlo? Antes de todo, hay que decir que no hay una fórmula definitiva para vencer al miedo. Este no desparecerá por arte de magia de la noche a la mañana, más bien todo lo contrario. Pero sí podemos brindaros algunas claves.

      No escapes del miedo: huir no es una buena idea porque aquello que temes no desaparecerá por sí solo a menos que lo mires, reflexiones sobre ello y descubras la mejor solución para afrontarlo.

      Acéptalo, no lo niegues: si no aceptas que tienes determinado miedo, difícilmente podrás ponerle fin. Pues, es necesario que sepas mirarte, observar aquello que te está pasando y admitirlo. Sin este paso, no podrás avanzar.

      Enfréntate a lo que te hace sentir miedo: como lo oyes. No importa el miedo que tengas a que la ansiedad haga acto de presencia o a que empieces a ponerte muy nervioso. Tienes que superar ese miedo y para ello tienes que sentirlo. Una vez estés en la situación piensa en por qué tienes ese miedo, ¿te va a pasar algo malo de verdad? ¿Estás en peligro real?

      Es importante mencionar que hay que enfrentarse gradualmente al miedo y no de golpe. Porque, si lo haces de forma abrupta, puedes obtener resultados contraproducentes. Hablar con un profesional puede servir de mucha ayuda porque te brindará las herramientas necesarias para hacerlo lo mejor posible.



La confianza es la mejor arma

      Ten por seguro que será un proceso largo que requerirá cierto esfuerzo por tu parte. En primer lugar, la única forma de vencer al miedo es afrontándolo. Es decir, cuando estés en un momento que no sea de tu agrado y quieras huir de él, porque no lo quieres encarar, lo mejor que puedes hacer es actuar y no dejarte llevar por tus instintos. Y para conseguirlo, piensa fríamente en la situación en la que te encuentras y después decide qué pros y contras te puede aportar a lo que te estás enfrentando.

      Un claro ejemplo de esto son las entrevistas de trabajo, que pueden generarnos miedo porque de nuestro desempeño depende la obtención del puesto de trabajo. ¿Sería una buena opción esconderse y dejar de acudir a las entrevistas porque tenemos miedo?

      «Todo lo que quieres está del otro lado del miedo»
      -Jack Canfield-


      En resumen, una vez que hayas vencido el miedo por primera vez, puedes tener la completa seguridad que a la siguiente vez será mucho más fácil, y así sucesivamente. Solo tienes que confiar en ti mismo, y ya verás cuando lo superes y sigas adelante, ganarás en autoestima y confianza.

Fuente:
lamenteesmaravillosa.com
Ilustraciones:
Castelfiori






sábado, 30 de mayo de 2020

ELLAS SE MANIFIESTAN - Él Te De Las 3pm . 29 Mayo. Seamos Coherentes

Ho´oponopono (Sanando tu vida) Reposición

El siguiente texto fue escrito por el Dr. Joe Vitale. La historia que nos cuenta y sus reflexiones encierran un desafío y una bendición: la realidad externa a nosotros es nuestra propia creación individual y, si aceptemos plenamente este hecho, podemos sanarla a través del amor.

La sanación de tu mundo comienza en ti:Hace dos años, escuché hablar de un terapeuta en Hawaii que curó un pabellón completo de pacientes criminales con serias patologías (locos) sin siquiera ver a ninguno de ellos. El psicólogo estudiaba la ficha del recluso y luego miraba dentro de si mismo para ver cómo él (el psicólogo) había creado la enfermedad de esa persona. En la medida en que él mejoraba, el paciente mejoraba también.
La primera vez que escuché hablar de esta historia, pensé que era una leyenda urbana. ¿Cómo podía cualquiera curar a otro tratando de curarse a si mismo? Y, ¿cómo podía, aunque fuera un verdadero maestro, con un gran poder de autocuración, sanar a criminales insanos? No tenía ningún sentido, no era lógico. De modo que descarté esta historia.
Sin embargo, la escuche nuevamente un año después. El terapeuta había usado un proceso de sanación hawaiano llamado “Ho´oponopono”. Nunca había oído hablar de esta técnica, sin embargo no podía dejar de pensar en esa historia. Si era totalmente cierta, yo tenía que saber más.
Siempre había entendido que “total responsabilidad” significaba que soy el responsable de lo que pienso y hago. Pero lo que esté mas allá, está fuera de mis manos. Creo que la mayor parte de la gente piensa lo mismo acerca de la responsabilidad: somos responsables de lo que hacemos, no de lo que los otros hacen. Pero eso no es así.
El terapeuta Hawaiano que sanó a esas personas mentalmente enfermas, el Dr. Ihaleakala Hew Len, me enseñaría una nueva perspectiva acerca de lo que es la total responsabilidad. Probablemente hayamos hablado una hora en nuestra primera conversación telefónica. Le pedí que me contara la historia completa de su trabajo como terapeuta.
Me explicó que había trabajado en el Hospital Estatal de Hawaii durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los enfermos criminales era peligroso. Por regla general los psicólogos renunciaban al mes de trabajar allí. La mayor parte de los miembros del personal se enfermaban al poco tiempo o simplemente renunciaban. La gente que atravesaba el pabellón caminaba con sus espaldas contra la pared, temerosos de ser atacados por los pacientes. No era un lugar placentero para vivir, ni para trabajar ni para visitar.
El Dr. Len me dijo que el nunca vio a los pacientes. Acordó tener una oficina y estudiar los legajos. Mientras miraba esos legajos, trabajaba sobre si mismo. Y mientras lo hacía, los pacientes mejoraban.
“Luego de unos pocos meses, a los que debían permanecer encadenados se les podía permitir que caminaran libremente” me dijo. “A otros, a quienes tenían que mantener permanentemente medicados, se les podía reducir las dosis. Y algunos, que no hubieran tenido jamás la posibilidad de ser liberados, fueron dados de alta”. Yo estaba asombrado. “No solamente eso”, continuó, “sino que el personal comenzó a disfrutar de su trabajo.”
“El ausentismo y los cambios de personal disminuyeron drásticamente. Terminamos con más personal del que necesitábamos porque los pacientes eran liberados, pero todo el personal venía a trabajar. Hoy ese pabellón está cerrado.”
Aquí es, lógicamente, donde le hice la pregunta del millón de dólares: “¿Qué estuvo haciendo usted consigo mismo que provocó el cambio en esas personas?”
“Simplemente estaba sanando la parte de mí que había creado sus enfermedades”, dijo él. No entendí. El Dr. Len me explicó que la total responsabilidad se extiende a todo lo que está presente en tu vida, simplemente porque está en tu vida. Es tu responsabilidad en un sentido literal. Todo el mundo es tu creación.
¡Uau! Esto es muy difícil de aceptar. Ser responsable por lo que yo hago o digo es una cosa. Pero ser responsable por lo que cualquiera que esté en mi vida haga o diga, es otra muy distinta. Si asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que ves, escuchas, saboreas, tocas o experimentas, de cualquier forma, es tu responsabilidad. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente de tu país, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, están allí para que tu las sanes. No existen, por decirlo así, excepto como proyecciones que salen de tu interior. El problema no está ahí afuera, está en ti, y para resolverlo, tú debes cambiar.
Sé que esto es difícil de aceptar, mucho menos de vivirlo realmente. Echarle a otro la culpa es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad. Pero mientras hablaba con el Dr. Len, comencé a comprender que esta sanación tan particular, el Ho’oponopono, significa amarse plenamente a uno mismo.
Si deseas mejorar tu vida, debes sanar tu vida. Si deseas curar a cualquiera, aún a un criminal mentalmente enfermo, lo haces curándote a tí mismo.
Le pregunté al Dr. Len cómo se curaba a si mismo, qué era lo que hacía exactamente cuando miraba los legajos de los pacientes.
“Simplemente decía ‘Lo siento’ y ‘Te amo’, una y otra vez” explicó él: “Lo siento… Te amo”
“¿Sólo eso?”
“Sólo eso.”
“Resulta que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo. Y mientras te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo.”
Permíteme darte un rápido ejemplo de como funciona esto: en una oportunidad recibí un e-mail muy agresivo, que me desequilibró. Normalmente hubiera intentado manejar la situación trabajando sobre mis aspectos emocionales más negativos o tratando de razonar con la persona que envió el mensaje. Esa vez decidí probar el método el Dr. Len. Me puse a pronunciar silenciosamente “lo siento” y “te amo”. No lo decía a nadie en particular. Simplemente estaba invocando el espíritu del amor para sanar, dentro de mí, lo que estaba creando esa circunstancia externa.
En el término de una hora recibí otro e-mail de la misma persona. Se disculpaba por el mensaje anterior. Ten presente que no realicé ninguna acción externa que provocara la disculpa. Ni siquiera contesté el mensaje. Sin embargo, sólo diciendo “te amo”, de algún modo sané dentro de mí lo que estaba creando en él.
Más tarde asistí a un taller de Ho’oponopono dirigido por el Dr. Len, que tiene ahora 70 años de edad y es un chaman venerable y solitario.
Alabó mi libro, “El Factor Atractivo”. Me dijo que mientras yo me mejore a mí mismo, la “vibración” de mi libro aumentará y todos lo sentirán cuando lo lean. En resumen: a medida que yo me mejore, mis lectores mejorarán.
“¿Y qué pasará con los libros que ya he vendido y han salido de mí?” pregunté.
“No han salido realmente”, explicó una vez más soplando en mi mente su sabiduría mística. “Aún están dentro de ti”. En resumen: no hay afuera. Me llevaría un libro entero intentar explicar esta técnica con la profundidad necesaria, para transmitir algo así como que cuando desees mejorar cualquier aspecto o situación en tu vida, hay sólo un lugar donde intentarlo: dentro de ti. Y cuando mires, hazlo con amor”.

Dr. Joe Vitale





www.aglutinaeditores.com/media/resources/public/7a/7ae1/7ae171e4855045dabc67e5b07e8bb137.pdf
VIDEOS DE HO'OPONOPONO











Gracias. Sé feliz y contagios@ y no te olvides de soñar tu vida cada día. Te amo.

domingo, 2 de septiembre de 2012

martes, 7 de febrero de 2012

El poder de las creencias

Es común escuchar que una persona cree o no cree, que la fe mueve montañas, y es también común referirse al término de creencia asociado exclusivamente al ámbito religioso. Sin embargo éste es un concepto mucho más amplio y sobre todo muy importante conocer, ya que las creencias, independientemente del contexto o dominio en que nos movemos, sea familiar, social, espiritual, de salud, etc. representan uno de los marcos referenciales más relevantes por el que una persona dirige su vida. Constituyen el motor fundamental que nos impulsa o la pared que nos frena. Utilizadas en forma apropiada, las creencias pueden ser el mejor incentivo para alcanzar los objetivos que nos proponemos, pero también por el contrario, su efecto puede ser increíblemente limitador y negativo. De allí la importancia de, primero conocer y hacer conscientes las creencias que dominan nuestros pensamientos, para luego elegir cuáles nos conducen al éxito y a los resultados que deseamos y en consecuencia mantenerlas, y cuáles nos frenan o nos desvían para cambiarlas o eliminarlas, en aras de potenciar positivamente el curso de nuestra vida.
La forma como pensamos y actuamos depende mucho de nuestro inconsciente. Por lo tanto, algunas de las creencias que gobiernan nuestros pensamientos y comportamientos las tenemos muy conscientes y otro grupo, mucho mayor, están ocultas en el inconsciente, que es el responsable en buena parte de los éxitos y fracasos que logramos en la vida. Nosotros tenemos distintas creencias que pueden ser muy limitadoras, negativas, dramáticas, de
enfermedad, o muy positivas, de logro, de éxito y de salud.
Toda creencia tiene un origen. Por ejemplo, salido del argot refranero, reiteradamente hemos escuchado “loro viejo no aprende a hablar” y el convertirlo en una creencia, nos lleva a cohibirnos de iniciar cualquier tipo de estudios después de cierta edad. Así como otros refranes o afirmaciones, desde mi juicio muy negativos, como “los ricos están contados” o “yo soy pobre pero honrado”, etc. que una vez arraigadas como creencias se convierten en verdaderas limitaciones para el éxito económico de las personas.
Anthony Robbins, en su muy famoso libro “Poder Sin Límites” cita cinco fuentes o maneras de cómo originamos nuestras creencias, que en forma resumida paso a explicar: 
El ambiente que nos rodea. El aprendizaje obtenido en el hogar es una de las fuentes más determinantes en la construcción de las creencias. Si hemos crecido en un ambiente cargado de fracasos o desesperación, es más difícil (por supuesto no es una regla general) que podamos hacernos representaciones internas que fomentan el triunfo. Es por eso que conocemos empresarios exitosos que, por distintas razones, han quedado en bancarrota y sin embargo se levantan de nuevo y vuelven a triunfar. Pero también conocemos por ejemplo a deportistas que han hecho fortuna, o personas que han ganado la lotería y terminan quedando en la misma miseria donde una vez estuvieron. 
Los acontecimientos experimentados. Acontecimientos grandes o pequeños, de mucha satisfacción o traumáticos, pueden ser fuentes de generación de creencias. Un accidente traumático en una determinada época del año, puede generar una creencia fatalista que impida a una persona hacer cualquier plan de viaje en esa determinada época o fecha. Un simple resultado de una evaluación académica puede ser generador de creencias de “poder” o “no poder” enfrentar satisfactoriamente una determinada carrera profesional. 
El conocimiento, bien sea obtenido a través de las experiencias, la lectura, el estudio, etc. permite ver el mundo desde la perspectiva de otras personas Así el sólo conocer sobre logros de otros, puede despertar una gran fe que impulse creencias también de logro. Siempre ha existido el primer hombre o la primera mujer que alcanzó logros que hasta ese momento parecían imposibles y el conocimiento de eso ha generado importantes creencias en otros hombres y mujeres que han sido fundamentales en el curso del desarrollo de la humanidad.
A través de nuestros resultados anteriores. Basta saber que una vez pude hacer algo para generar la creencia de poder hacerlo nuevamente. De igual manera resultados diferentes a los esperados pueden ser calificados como fracasos y llevar a las personas a formarse la creencia de que no pueden alcanzar tal o cual objetivo porque ya una vez lo intentaron y “fracasaron”.
Representándose mentalmente la experiencia futura como si ya se hubiese realizado. Así como las experiencias pasadas generan creencias, nuestra imaginación puede ser una importante generadora de creencias. No es lo mismo imaginarse que estamos celebrando y disfrutando un logro a imaginarnos las dificultades que vamos a encontrar en el camino, o peor aun un resultado contrario a nuestros intereses.
Conocer nuestras creencias nos da pie para actuar sobre ellas, en el entendido que si es una creencia que me ha sido útil y valiosa, ratifico mi pensamiento y la hago cada vez más potenciadora. Si por el contrario, descubro que esas creencias me limitan, me será más fácil intentar cambiarlas.
No tenemos porqué resignarnos a vivir siempre con los mismos patrones de comportamiento. Las creencias limitadoras pueden estar muy arraigadas y ser resistentes pero no invencibles. Por nuestra propia cuenta podemos cuestionarlas y descubrir que son construcciones y juicios que sólo tienen un carácter de veracidad en nuestra mente. Es nuestra realidad la que nos lleva a construir creencias positivas y también a construir creencias negativas.
Lo invito a que sea usted un cuestionador de sus propias creencias. Cuando se encuentre diciendo “no puedo hacer...”, pregúntese qué se lo impide, o diciendo “yo soy así”, pregúntese qué le impide ser de otra manera. Ante afirmaciones como “es que los hombres son…., las mujeres…, el matrimonio…” y otras generalizaciones transformadas en creencias, busque personas y situaciones con características similares cuyos comportamientos o estilos de vida son muy distintos, que obtienen logros que usted cree imposibles, que mantienen relaciones sanas que su creencia manifiesta como fuera de alcance. 
Analice sus “debería”, sus “yo puedo o no puedo”, sus afirmaciones o juicios acerca de usted mismo y busque en su experiencia momentos que su actuar y sus resultados han sido contrarios a esas creencias. Lo importante es entender que toda creencia puede cambiarse. Anímese ¿Usted cree que puede? ¿o cree que no puede? Yo estoy seguro que puede, por sí mismo, o tal vez con cierta ayuda y eso también es válido.
A través del trabajo psicoterapéutico y con la ayuda de técnicas que nos brinda la Programación Neurolingüística (PNL) se pueden aprender y desarrollar habilidades que le hagan más fácil ese cambio. El mundo está lleno de experiencias de personas que han hecho historia rompiendo creencias
Ellos pudieron, usted también puede.

Gerardo J. Velásquez D.
Psicólogo

domingo, 5 de febrero de 2012

Cortometraje "Recuerda"

¿No estás harto de la adicción al sufrimiento?

Por: Laura Folleto


¿Parece extraño, no es cierto? ¿Has escuchado hablar de ello? ¿Existe esa adicción? Lamentablemente, sí. ¡Y es una epidemia!
Voy a explicarme. Nuestro cuerpo físico tiene una correlación con nuestras emociones y pensamientos. Es como el hardware al software de las computadoras. Procesa y expresa todo (por eso es tan rápido y simple hacer una terapia que involucre lo corporal además de las otras instancias).

Entonces, a cada emoción y pensamiento les corresponden ciertos neuropéptidos. Desde el comienzo de nuestra vida, hemos llevado a cabo una determinada “preferencia” por algunos, debido a las condiciones imperantes durante nuestro nacimiento y posterior desarrollo. Padres poco contenedores o entornos traumáticos han disparado ciertas conductas reforzadas por la constante liberación de ciertos neutrotransmisores asociados al miedo, la inseguridad, el dolor, la ansiedad, el desaliento, etc.
De esta manera, hemos conformado nuestra vida, creyendo que así somos. ¿Por qué seguimos introduciéndonos en las mismas clases de relaciones, teniendo las mismas clases de discusiones, encontrando las mismas clases de jefes? Según el neurobiólogo Candace Pert, cuando los sitios del receptor son repetidamente bombardeados con péptidos, se ponen menos sensitivos y requieren que más péptidos sean estimulados. Los receptores realmente comienzan a desear ardientemente los neuropéptidos que son diseñados para recibir. En este sentido, nuestros cuerpos son muy adictos a los estados emocionales. Cuando nosotros hemos repetido experiencias que generan la misma respuesta emocional, nuestros cuerpos desarrollarán un apetito para estos tipos de experiencias. Como los adictos, extraeremos experiencias hacia nosotros que nos dan eso que requerimos.
¿Cuál es la buena noticia? Podemos cambiar porque los nodos en una red de nervios son intrínsecamente flexibles y regenerativos, así que es posible hacerlo introduciendo otros “apetitos”. ¿Cuáles? Así como nos alimentamos de pensar (y luego, por supuesto, crear) ambientes y situaciones estresantes, sufridos, complicados, incluso catastróficos, tenemos que comenzar a imaginar actitudes, personas, circunstancias que nos gratifiquen y saquen lo mejor de nosotros.
¿Sirven los “pensamientos positivos”? Hasta ahí. Tener una enorme bola de mentalidad y emociones negativas y dolorosas y querer taparlas con un barniz de positividad no soluciona nada. Lo oculto siempre explotará en algún momento. Es necesario tener una conciencia continua de lo que nos sucede para darnos cuenta de adónde se encuentra lo que nos hace daño, comprenderlo, aceptarlo y liberarlo para fundar, en su lugar, otra actitud que nos genere plenitud y alegría.
Tristemente, como humanidad, hemos hecho un culto del sufrimiento y somos todos adictos a él. Hasta ahora, hemos necesitado caer al pozo más profundo o tener experiencias muy traumáticas para finalmente “despertar” a las múltiples posibilidades que tenemos como seres humanos divinos. Mientras tanto, seguimos cayendo una y otra vez en los caminos conocidos del ego, consolidados por nuestra química cerebral. 

Te he dicho muchas veces que estamos en un tiempo asombroso, acelerado, compasivo, en el que cualquier intento de cambio verdadero (ayudado por simples herramientas concretas) es sostenido y asistido… si tienes
constancia y confianza. Tanto mi práctica terapéutica como los recursos que encuentras en el sitio están destinadas a hacértelo sencillo y lo menos doloroso posible, porque para dolor ya tienes suficiente, ¿no crees? 

Si es así, si piensas que ya estás harto de sufrir, ¡adelante! Usa el inmenso potencial que traes, sacude tu cuerpo, invita a otros neuropéptidos a la fiesta y comienza a disfrutar de este hermoso planeta y de todos los
dones que te han sido dados. ¡Te acompaño!





Más de Laura Folleto en: http://www.abrazarlavida.com.ar