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lunes, 15 de junio de 2020

Las emociones


Qué son las emociones

   Las emociones son respuestas o reacciones fisiológicas que genera nuestro cuerpo ante cambios que se producen en nuestro entorno o en nosotros mismos. Estos cambios se basan en experiencias que a su vez dependen de percepciones, actitudes, creencias sobre el mundo; que usamos para percibir y valorar una situación concreta. Dependiendo, por ello, de nuestras experiencias, reaccionaremos de una forma u otra ante situaciones similares. La respuesta emocional son estímulos rápidos e impulsivos que valoran lo que está ocurriendo y nos informan de qué significado tiene para nosotros eso.

   Para resumir (y como no me gusta mucho la teoría) podemos decir que las emociones son respuestas que nuestro cuerpo nos da ante situaciones que ocurren a nuestro alrededor, pudiendo ser entre los demás, de los demás hacia nosotros o de nosotros con nosotros mismos. Estas emociones son información sobre cómo debemos actuar ante lo que ocurre para darnos lo que nuestro cuerpo considera que necesitamos. Cuanto mejor las conozcamos mejor Inteligencia Emocional tendremos y más felices estaremos, porque sabremos darnos lo que necesitamos en cada momento. Identificarlas bien también nos hará más fácil la tarea de transmitir una educación emocional a nuestros hijos que les ayude a crecer con una autoestima y confianza en sí mismos fuertes.

   La PNL (Programación Neurolingüística) afirma que las emociones siempre aparecen tras los pensamientos y que dan lugar a acciones que suponen unos resultados.

Pensamiento => Emociones => Acción => Resultado

   Según esta teoría si no estamos consiguiendo lo que deseamos es un problema en nuestra forma de pensar y que si cambiamos la forma de pensar conseguiremos resultados diferentes.

Para qué sirven las emociones

   Las emociones, como veíamos, son portadoras de información que nos van a decir qué es lo que necesitamos ante las diferentes situaciones que ocurren en nuestra vida. Las emociones (siempre que sean primarias) van a ser verdaderas y tendrán más razón que lo que probablemente estemos pensando nosotros. Así que en esos momentos en los que pensamos una cosa, pero sentimos otra, seguir a lo que nuestro cuerpo nos dice seguramente tenga mejores resultados que hacer caso a la razón.

   Las emociones, por tanto, sirven para saber en cada situación, entorno o personas con las que esté, qué es lo que necesito para poder dármelo y estar satisfecho y feliz conmigo mismo.

Cómo pueden ayudarnos las emociones

Las emociones pueden ayudarnos en diferentes aspectos:

  • A conocernos mejor: cuanto mejor conozca las respuestas de mi cuerpo relacionadas con las emociones, mejor sabré qué emoción es la que estoy sintiendo y qué me está diciendo. Al principio puede costar identificarlas pero con tiempo, trabajo y un diario emocional, no tardaremos en saber cuál es cuál.
  • Saber lo que necesitamos: unas veces reaccionaremos con una emoción y otras con otra, pero lo bueno de conocerlas es que sabremos identificar el significado de esas emociones, lo que nos quieren decir y la necesidad que hay detrás.
  • Gestionarlas y darme lo que necesito: una vez sepamos la emoción que es y lo que nos quiere decir, ya solo necesitaremos hacer, decir o pensar lo que nos pide, para manejar esa emoción y conseguir aquello que nos está solicitando.
  • Las emociones también nos van a ayudar a descubrir recuerdos anclados a un sentimiento que me siguen haciendo mal hasta el día de hoy (lo veremos cuando expliquemos las emociones no saludables).
  • El conocimiento y control de emociones aumentarán nuestra autoestima.
  • Nos van a ayudar a saber si las cosas que hago en mi día a día me gustan de verdad, si el trabajo que realizo me llena o lo hago por rutina, etc.
  • Al fin y al cabo, las emociones nos van a ayudar a ser más felices con nosotros mismos y con los que nos rodean. 
Tipos de emociones

   Cuando hablamos de tipos de emociones vamos a hacer dos clasificaciones, una general en la que vamos a distinguir emociones primarias y secundarias, y luego en las primarias diferenciaremos a su vez entre saludables y no saludables. Hay personas que diferencian entre emociones positivas y emociones negativas, pero nosotros no usaremos esa nomenclatura ya que podrá haber algunas que nos gusten más (agradables) y otras menos (desagradables), pero siempre nos darán información y serán útiles para conocernos mejor, así que evitaremos el nombrarlas como positivas o negativas.

Emociones primarias

   Las emociones primarias son las emociones básicas, las que sentimos en el fondo y las que definen verdaderamente lo que sentimos. Cuando siento que estoy triste y que no hay ninguna otra emoción detrás, entonces hablamos de primarias, pero, a veces, puede que haya algo escondido detrás que puede que a primera vista no fuéramos muy conscientes de ello. Y aquí es donde entran las emociones secundarias.

Emociones saludables y no saludables

   Dentro de las emociones primarias podemos diferencias emocionessaludables” o “adaptativas” y emociones “no saludables “o “desadaptativas”.

   Las primeras son respuestas que genera tu cuerpo ante situaciones que están ocurriendo en ese momento y que piden cubrir una necesidad (el enfado porque han superado tus límites o los de otra persona, el miedo por la existencia de una amenaza; la tristeza ante la pérdida de alguien o algo…) y por tanto hay que escucharlas e intentar en la medida de lo posible satisfacerlas.

   Cuando detectamos emociones saludables los mensajes o necesidades que estas nos traen son los siguientes:

  • El enfado te dice que tus límites han sido sobrepasados o que no te están dando lo que solicitas.
  • La tristeza te dice que has perdido algo importante o que tu necesidad de amor y afecto no está atendida.
  • El miedo te dice que estás en peligro o que no estás seguro.
  • La sorpresa que existe algo nuevo, que merece la pena investigar.
  • El asco te dice que lo que estás experienciando es malo para ti.
  • La alegría que has alcanzado una meta o que ha ocurrido algo beneficioso para ti.
   Estas emociones adaptativas que traen este tipo de información servirán para poder gestionarlas y saberte dar lo que están reclamando para satisfacer las necesidades requeridas:

  • Enfado para establecer y proteger tus límites.
  • Tristeza para llorar o refugiarte.
  • Miedo para huir o atacar.
  • Sorpresa para indagar en lo acontecido.
  • Asco para expulsar.
  • Alegría para disfrutar de lo ocurrido.
   Las emociones desadaptativas son respuesta, a malestares crónicos enquistados durante años (normalmente largos períodos de tiempo), que siguen siendo emociones primarias que corresponden a tu verdadero ser, pero de alguna forma no se gestionaron bien y se han quedado latentes. De vez en cuando, sin saber muy bien por qué, surgen sin que seamos casi conscientes de ello. Por eso estas emociones no son saludables, ya que son respuestas a acontecimientos vividos en el pasado, en lugar de respuestas a lo que ocurre en este momento (como las anteriores adaptativas). Este tipo de emociones necesitan ser gestionadas de forma diferente, ya que en este caso lo principal es aceptarlas, comprenderlas y cambiarlas.

¿Cómo saber si tu emoción es no saludable o desadaptativa?

   Tu emoción es desadaptativa cuando es un sentimiento antiguo que es recurrente a lo largo del tiempo, las situaciones y las relaciones. Es como un viejo amigo que nunca se va y no te deja mejor de lo que estabas. Es un sentimiento que lo vives con tanta frecuencia que parece saludable, pero no lo es. Algunos ejemplos de emociones primarias desadaptativas que puedes tener son: la sensación de ser víctima, sentirte que no existes, que estás solo, que no vales nada, la gran sensación de humillación que te genera cualquier mínimo desaire, o esa recurrente sensación de devastación al recibir una crítica, aunque la crítica sea constructiva o de poca importancia. Una sensación central de vergüenza, de inseguridad, de falta de valía o de no sentirse amado o merecedor de amor que parece que siempre está ahí.

   Estos sentimientos están relacionados con unas imágenes muy básicas sobre nosotros mismos. Se relacionan o bien con sentimientos de no ser valioso y sentirse un fracaso, una sensación de “yo no valgo”; o bien con sentirse frágil, inseguro e incapaz de mantenerse sin apoyo externo, una sensación de “yo soy débil”; o con sentirse una mala persona, “yo soy malo”. Para cambiarlos tenemos que localizar e indagar en la visión que tenemos de nosotros mismos, para sanar ese defecto y así comenzar a construir una nueva sensación e imagen de nosotros mismos más fuertes y valoradas.

   Como pequeño resumen, para decidir si la emoción primaria es saludable o no, tenemos que preguntarnos:

  • «¿Esto que estoy sintiendo es una respuesta a otras experiencias pasadas, en vez de ser, principalmente, una respuesta a lo que está ocurriendo en este momento?»
  • «¿Existe un patrón de sentimiento de malestar recurrente?»
  • «¿Es un sentimiento familiar de estar atascado?»
   Si la respuesta a estas preguntas es SÍ, entonces se trata, probablemente, de un sentimiento que no es saludable.

Emociones secundarias

   Las emociones secundarias son emociones defensivas que esconden u oscurecen nuestro sentimiento verdadero o primario. Dependiendo de la emoción será más difícil detectarla como secundaria, ya que a veces la emoción verdadera se oculta muy profundo. En algunas ocasiones las emociones secundarias ocultan las primarias para “protegerte” de ellas debido a nuestras creencias limitantes, por ejemplo: los hombres que han crecido escuchando que los hombres no pueden llorar suelen mostrar enfado cuando están tristes. Las mujeres que han crecido escuchando que tienen que ser sumisas expresarán tristeza o llanto cada vez que se enfaden.

   Para entender mejor este tipo de emociones secundarias, Jorge Bucay tiene un cuento en el que lo explica muy bien, el cuento de la tristeza y la furia.



Emociones instrumentales

   Existe otro tipo de emociones que yo personalmente las clasificaría dentro de las secundarias o un tipo de ellas, que son las emociones instrumentales. Este tipo de emociones que se usan para obtener algo con un punto en la otra persona de influencia y a veces de manipulación. Ejemplos cercanos suelen ser la persona que siempre parece que está triste apiadándose de ella, mostrando que está triste cuando en realidad está buscando atención. Un ejemplo muy bueno es cuando tu hijo va a hacer algo peligroso y tú le gritas enfadado para que no lo haga, en esa situación tu emoción primaria es de miedo porque le pueda ocurrir algo pero en lugar de expresar esa emoción, expresas enfado para conseguir que el niño no haga lo que iba a hacer.

   Este tipo de emociones a veces son complicadas de detectar (incluso usando un diario emocional) ya que algunas se han convertido en parte natural de tu comunicación que parece innato en ti. También resulta interesante comentar aquí, que bien utilizadas, este tipo de emociones podrían formar parte de nuestro abanico de habilidades sociales, pero existe un peligro, ya que mal utilizadas podrían formar parte de tipos de comunicación manipulativas.

Emociones básicas

   Cuando hablamos de emociones, existen un sinfín de ellas que vivimos cada día en diferentes situaciones. Es interesante saber que hay estudios que definen una lista de emociones de 6 que definen como básicas, es decir, que toda persona tiene únicamente por ser un ser humano.

   Paul Ekman, fue un psicólogo que pasó gran parte de su vida estudiando las emociones básicas y las expresiones que estas emociones generaban en nuestras caras. Ekman localizó una tribu que jamás había estado en contacto con la sociedad tal y como la conocemos hoy, para así tener una muestra aislada de posibles factores que hubieran podido crear otras emociones que no pertenecieran a ellos de forma natural. Este psicólogo concluyó que existen 6 emociones básicas que corresponden con expresiones biológicas universales de la especie humana: ira, tristeza, miedo, sorpresa, asco y alegría.

   A continuación, hablaremos por encima de las tres emociones que más nos suelen interesar, por ser las que más dolores de cabeza nos generan: la tristeza, el miedo y el enfado

La emoción de la tristeza

   La tristeza aparece en diferentes circunstancias: aparece por el distanciamiento, la separación o la pérdida del vínculo. Cuando nos sentimos que nos dejan de lado, que no pertenecemos a un grupo o que nos sentimos olvidados. Aparece cuando no somos capaces de expresar o comunicar nuestros verdaderos sentimientos. También puede surgir por desengaños, al sentirnos defraudados o al perder la esperanza, cuando fracasamos intentando alcanzar algún logro importante y cuando perdemos la autoestima. Y por supuesto la tristeza también aparece cuando perdemos a un ser querido.

   La tristeza nos va a hacer que busquemos a otros para consolarnos o buscar la soledad para recuperarnos de esa pérdida.

   Esta emoción cuando es primaria y saludable, es útil y puede ayudarnos a enfrentarnos al dolor, pasar el duelo correspondiente y superarlo. Cuando no es saludable, hablamos de una tristeza enquistada que hay que trabajar para volver a sentirnos mejor con nosotros mismos. Cuando esta emoción es secundaria hay que tener cuidado con la depresión.

La emoción del miedo

   El miedo es la sensación de angustia que se genera ante la percepción de una amenaza. Esta emoción siempre va a depender de nuestras experiencias y de los recursos que tengamos (o pensamos que tengamos) para evaluar si esa situación es amenazante en sí o no.

   El miedo, en su forma más básica tiene que ver con la existencia y podemos tener dos tipos de miedo, el miedo a la vida y el miedo a la muerte.

   Como emoción primaria y saludable el miedo está orientado a escapar del peligro, cuando aparece como desadaptativa, analizar a nuestro niño interior que puede que siga teniendo miedo por algo ocurrido en el pasado en su familia, será útil e interesante.

   Cuando surge como emoción secundaria suele ser un miedo a que nuestra emoción principal pueda dañar la relación con otra persona.

La emoción del enfado

    El detonante o el origen universal de la emoción del enfado se encuentra en la sensación de hallarse amenazado (de ahí que se relacione con el miedo) de forma física, a nuestra autoestima o a nuestro amor propio, a nuestros límites o frustrado en conseguir un determinado objetivo. Esta emoción activa dos diferentes tipos de respuesta: la lucha o la huida.

    Cuando es primario y adaptativo hay que escuchar a la emoción a ver qué nos dice y actuar en consecuencia a ser posible con asertividad. Si es no saludable (un enfado crónico), el objetivo será acceder a ese esquema emocional desadaptativo e identificar lo ocurrido y la necesidad que existe detrás. Cuando es secundario suele haber emociones como el miedo o la tristeza escondidos que se suelen descargar a través del enfado.

    A continuación, hablaremos sobre las dos emociones que más bienestar nos suelen dar: la alegría y el amor. Y lo que haremos será diferenciarlas con dos compañeras suyas que nos suelen confundir: la felicidad y el apego.



La emoción de la alegría: Alegría vs Felicidad

   Mucha gente habla de la alegría y de la felicidad como dos cosas distintas y aunque (como ya he dicho en anteriores ocasiones), la teoría da igual siempre que la práctica sea efectiva, voy a hacer un pequeño inciso para dar mi opinión. Ya que esto creo que es un tema muy debatible y opinable:

  • Podríamos decir que la alegría es algo generado por algún hecho determinado, algo más o menos puntual en el tiempo que puede durar unas horas, pero que no deja de ser específico en la línea de tiempo.
  • La felicidad es un estado de ánimo persistente en el tiempo, es una consecuencia del desarrollo de tu vida y de cómo eso te hace sentir cuando evalúas cómo estás llevando tu vida.
   Para ejemplificar esto, digamos que una misma persona no puede estar alegre y enfadada a la vez, sin embargo, el enfado sí se puede dar mientras eres feliz. Ejemplo: un padre se enfada con su hijo porque no quiere aceptar una decisión. El padre se siente feliz, aunque esté enfadado, porque su hijo ha sido capaz de cuestionar las órdenes de su padre de forma razonada.

La emoción o sentimiento del Amor: Amor vs Apego

   Cuando hablamos del amor, el cual no vamos a definir aquí porque para cada persona es un mundo cuando hablamos del amor (aunque quizás algún día haga un estudio preguntándoos qué es el amor para cada uno de vosotros), existe un sentimiento que puede confundirnos con él y que puede ser muy perjudicial, aunque ni si quiera nos demos cuenta conscientemente: el apego.

¿Qué es el apego?

   El apego, dependencia o desamor se confunde muchas veces con el amor romántico que hace unas décadas se concebía como el amor verdadero. Mucha gente piensa que para que el amor sea de verdad hay que tener apego hacia tu pareja, pero somos naranjas enteras y no necesitamos ni dependemos de nadie.

   Si te deseo en sentido de apego, deseo poseerte, eres mío o mía y no puedo dejarte libre, tengo que atraparte, tengo que manipularte para poder conseguirte. Es más, tengo que manipularme a mí mismo para poder engañarte y, así, atraparte. Cada día, en nuestra relación o en otras, vemos aspectos de este tipo, aunque las propias personas no sean conscientes de ello.

   Esta relación de amor-apego se relaciona con la de seguridad-inseguridad. Mientras que el amor se basa en la seguridad, el apego se asienta en el miedo. El miedo al abandono genera ansiedad, el querer acaparar a la otra persona, el exigir disponibilidad total, en definitiva, el riesgo de no respetar la libertad del otro.

   Por eso tenemos que intentar que nuestras relaciones estén basadas en el amor, en la confianza y en la comunicación más que en el apego, en la dependencia o en la coerción de libertad.

El sentimiento de Culpa

   El sentimiento de culpa tiene que ver con mis creencias y mis percepciones de forma que me sentiré culpable cuando lo que he hecho no se corresponda con la idea que tengo yo de hacer las cosas como creo que deben hacerse.

Diferencia entre sensación, emoción y sentimientos 

   A lo largo del artículo hemos estado hablando sobre sensaciones, emociones y sentimientos y muchas veces no sabemos las diferencias entre ellos, incluso hablamos como si fueran los mismos términos. Yo no soy muy partidario del debate teórico sino más bien de la aplicación práctica y de cómo nos pueden ayudar, las llame como las llame. Al fin y al cabo, lo que cuenta es que yo me sienta mejor conmigo mismo y con los demás y da igual si lo llamo emoción, sentimiento o sensación.

   Pero como pequeño apunte realizaré una mínima diferencia entre ellos: todos ellos son patrones de respuesta emocional que nuestro cuerpo genera y todos ellos llevan consigo información para satisfacer nuestras necesidades. Es decir, que sea lo que sea, son reacciones que produce nuestro cuerpo y con ellas nos informa de lo que diferentes situaciones suponen o significan para nosotros.

  • Las sensaciones dependen más de cómo nuestros 5 sentidos reaccionan ante variaciones que se producen en nuestro entorno. También pueden referirse a la esfera afectiva (ganas de llorar) y a la intelectual (sentirse perdido).
  • Las emociones se refieren más a estados afectivos o reacciones ante el ambiente acompañadas de cambios orgánicos influidos por la experiencia.
  • Los sentimientos se refieren más a conceptos globales de cómo nos vemos a nosotros mismos y a nuestra vivencia corporal sentida.
   Como ejemplo gráfico pongamos que, en un concurso sobre diferentes proyectos, dicen mi nombre y me otorgan el primer premio: seguramente tenga una sensación de querer reír o llorar de alegría, también me surgirá una emoción de alegría al recoger el premio mezclada con una de tristeza al dar los agradecimientos y acordarme de alguien que contribuyó en el proyecto que falleció hace poco. Durante el próximo año me acompañará un sentimiento de satisfacción y alegría por haber recibido el premio y saber que todo el trabajo realizado mereció la pena y así lo apreciaron. 

Fábula sobre las emociones

   A continuación te dejo un enlace sobre un cuento / fábula que cuenta una bonita historia sobre qué ocurrió cuando las emociones decidieron un día jugar al escondite: Fábula sobre las emociones.

Autor:

David Gómez
Titulado Experto en Inteligencia Emocional, Coach Personal y Ejecutivo, y apasionado de la Psicología y de cómo ser más felices cada día.







sábado, 26 de marzo de 2011

¿Qué es ser pobre?

Un Padre económicamente acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, lo llevó para que pasara un par de días en el monte con una familia campesina.
Pasaron tres días y dos noches en su vivienda del campo. En el automóvil, retornando a la ciudad, el padre preguntó a su hijo:
¿Qué te pareció la experiencia?...
Buena, contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia.
Y… ¿qué aprendiste?, insistió el padre…
El hijo contestó:
1.- Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro.
2.- Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín… y ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos, berro y otras bellezas.
3.- Que nosotros importamos linternas del Oriente para alumbrar nuestro jardín…mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la luna.
4.- Nuestro patio llega hasta la cerca…y el de ellos llega al horizonte.
5.- Que nosotros compramos nuestra comida;...ellos, siembran y cosechan la de ellos.
6.- Nosotros oímos CD’s… Ellos escuchan una perpetua sinfonía de zinzontes, chuíos, pericos, ranas, sapos, cucarrones y otros animalitos….todo ésto a veces dominado por el sonoro canto de un vecino que trabaja su monte.
7.- Nosotros cocinamos en cocina eléctrica…Ellos, todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña.
8.- Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas…. Ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos.
9.- Nosotros vivimos conectados al celular, a la computadora, al televisor… Ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde del monte, a los animales, a sus siembras, a su familia.
El padre quedó impactado por la profundidad de su hijo…y entonces el hijo terminó:
¡Gracias papá, por haberme enseñado lo pobres que somos!

lunes, 21 de febrero de 2011

EL AMOR Y LA PASIÓN

En un lejano reino, allí donde se cruzan los vientos del Este con los del Oeste, los del Norte con los del Sur, se hallaba una princesa locamente enamorada de un apuesto capitán de su guardia y, aunque tan sólo contaba con 18 años de edad, no tenía ningún otro deseo que casarse con él, aún a costa de lo que perdiera. 


Su padre que tenía fama de sabio no cesaba de decirle: 
“No estás preparada para recorrer el camino del matrimonio. El amor, a diferencia de la pasión, es también voluntad y renuncia y, así como se expande y se recrea en las alegrías, así también profundiza y se adentra a través de las penas. Todavía eres muy joven y a veces caprichosa. Si buscas en el amor del matrimonio tan sólo la paz y el placer no es éste el 
momento de casarte”. 


"Pero padre", decía ella, "sería tan feliz junto a él que no me separaría ni un sólo instante de su lado. Compartiríamos hasta el más oculto de nuestros deseos y de nuestros sueños." 


Entonces el Rey, reflexionando se dijo: 
 "Las prohibiciones hacen crecer el deseo, y si le prohíbo que se encuentre con su amado, su deseo por el mismo crecerá desesperado. Pero, por otra parte, ella se asemeja a un tierno e inexperto capullo que desea abrir su fervor y fragancia...".  


Y así, en medio de sus cavilaciones, de pronto recordó las palabras pronunciadas por el anillo de los sabios que, en ese momento, sonaron a sus oídos en boca de Kalil Gibran: 
  
"Cuando el amor llame a vuestro corazón seguidlo, aunque sus senderos sean arduos y penosos". 


"Cuando sus alas os envuelvan, entregáos, aunque la espada entre ellas escondida os hiera". 
   
"Y cuando os hable, creed en él, aunque a veces su voz rompa vuestros sueños, tal como el viento norte azota los jardines, porque así como el amor corona de jazmines y rosas, así también crucifica con espinas." 


"Pero si en vuestro miedo, buscáreis solamente la paz y el placer del amor, entonces, es mejor que cubráis vuestra desnudez y os alejéis de sus umbrales hacia un mundo de primaveras donde reiréis pero no con toda vuestra risa, y lloraréis, pero no con todas vuestras lágrimas." 


Tras el paso de esas resonancias, dijo el Rey al fin:  
 "Hija Mía, voy a someter a prueba tu amor por ese joven. Vas a  ser encerrada con él durante 40 días y 40 noches en una lujosa cámara de la Torre de Marfil del Castillo de Primavera. Si al finalizar este período, sigues queriéndote casar, significará que sabes de individualidad y 
resistencia. Significará también que ya eres madura de corazón y que estás preparada para la creación de un hogar. Entonces te daré mi consentimiento." 


La princesa, presa de una gran alegría, dio un abrazo a su padre y aceptó encantada someterse a la prueba. Se diría que su mente estallaba plena de imágenes y expectativas en las que rebosaba felicidad. 


Y en efecto, todo discurrió armoniosamente durante los primeros días, en los que los amantes no cesaban de saciar sus deseos anteriormente retenidos, y colmar sus íntimas carencias... pero tras  la excitación y la euforia de las caricias, besos y susurros de las luces, no tardaron en 
presentarse las dudas y contradicciones de las sombras que al no saber como entenderlas y vivirlas, se convirtieron en rutina y aburrimiento. Y lo que al principio sonaba a embelesadora música a oídos de la princesa, se fue tornando en sonido infernal. 


Aquella hermosa joven de cabellos púrpura comenzó a vivir un extraño vaivén entre el dolor y el placer, entre la alegría y la tristeza, entre la admiración y el rechazo, por lo que antes de que transcurrieran dos semanas, la princesa ya estaba suspirando por otro hombre del pasado o  del futuro, llegando a repudiar todo cuanto dijera o hiciera su amante. 


A las tres semanas, se encontraba tan harta de su pareja que, presa de una intensa rabieta, se puso a chillar y aporrear la puerta de la celda. 


Cuando al fin consiguió salir, volvió a los brazos de su padre, agradecida de haber sido liberada de aquel ser que aún no entendía cómo había llegado primero a amar y más tarde aborrecer.  


Al tiempo, cuando la princesa recobró la serenidad perdida, y encontrándose junto a las azucenas del jardín real, dijo a su padre: 
 "Háblame del matrimonio, Padre". 


Y el sabio Rey contestó:  
 "Escucha atentamente lo que dicen los poetas de mi reino": 


Nacisteis juntos y juntos para siempre. Pero, 
Dejad que en vuestra unión crezcan los espacios. 
Amaos el uno al otro, más no hagáis del amor una prisión 
Llenáos mutuamente las copas, pero no bebáis de la misma. 
Compartid vuestro pan, más no comáis del mismo trozo. 
Y permaneced juntos, más no demasiado juntos. 
Porque ni el roble ni el ciprés crecen uno a la sombra del otro. 
(palabras de Kalil Gibran. “El Profeta”) 


(Del libro "Relatos eternos para aprender a aprender" de José Mª Doria)

domingo, 23 de enero de 2011

TODOS SOMOS UNO

(DEL LIBRO: “ASÍ HABLABA QUETZALCOATL”)
Él se sentó en medio de todos y con la voz dulce, como dulces son los atardeceres de Tula, así les decía:
"Había una vez un árbol cuyas hojas creían ser "no árbol". Y cada hoja crecía por su cuenta creyéndose "no árbol".

Un día vino el Viento de las Circunstancias y con sus manos invisibles lanzó a las hojas unas contra otras. Y cuando se fue el Viento de las Circunstancias, se quejaron entre sí y se encerraron en "si mismas", y se apartaron de todas aquéllas hojas que no nacían de su rama.
Llegaron los tiempos sin Viento, y las hojas se odiaban entre sí, y apenas se unían las que nacían de una misma rama para que las vecinas hojas que formaban otras ramas lanzaran contra ellas palabras hirientes. Y nuestro hermano el árbol sufría en si mismo, y cada día se debilitaba, y cada noche eran menores sus fuerzas.
Pasaron varios inviernos, y entre las últimas generaciones de hojas, nació una que así habló a todas cuando la hermana Brisa le prestó la fuerza y el alma del Árbol le dio la Sabiduría:
Hermanas, ustedes viven todavía en la ceguera de las dos dimensiones de sus egos, y por ello solo viven su individualidad como hojas independientes unas de otras, hasta tal punto que creen que aquéllas que ven fuera de ustedes no son ustedes mismas, mas solo tendrían que abrir un poco más los ojos a la comprensión para sentir que en tres dimensiones todas están enlazadas por las ramas, y aún estas ramas están a su vez unidas al tronco, y aún este tronco está unido a la tierra y al aire. 
Comprendo su actitud al enfrentarse, porque eso solo lo crea la Ignorancia que nace de creer Ser las particularidades que la mano del Tiempo unida a las de la Evolución y la Adaptación ha hecho de cada una de ustedes una hoja completamente diferente a todas sus hermanas.
Cuando a través del estudio sobre ustedes mismas profundicen en el conocimiento de si, irán ampliando su conciencia hasta Ser UNA con todas, y entonces serán el Árbol. Entonces, ¿cómo criticarán a las hojas hermanas si son ustedes mismas en otras circunstancias? ¿Cómo maltratarán a otras partes de ustedes mismas? ¿Cómo tratarán de cortar el progreso de ustedes mismas en otras partes del Ser Árbol?

Y cuando venga el Viento de las Circunstancias en lugar de sembrar odio entre ustedes, sembrará el Amor, y en lugar de enfrentarlas, las unirá en una caricia, en un prolongado abrazo que haga que el Ser árbol sea consciente de sí en todas las partes de sí mismo.
Y una hoja que habitaba una rama que decía tener la Verdad porque había encontrado el Sol, buscando en la dirección Norte, le dijo:
¿Pretendes hacernos creer que las hojas que habitan aquellas otras ramas que dicen haber encontrado la Verdad de nuestro Sol caminando en sentido opuesto a nosotras, no están equivocadas?
Y ella le respondió con una gran quietud en sus palabras: eso mismo quiero decir; mas ¿cómo te lo probaría a tí que aún estás fanatizada y no sabes dejar de ser solo una simple hoja para sentir y fundirte con las hojas de esas otras ramas? Si lo hicieras verías con asombro que a todas llega el Sol de la Verdad, y si aún alargaras más tu Conciencia y fueses Una con el Árbol, ¡que gran alegría tendrías al saber que todo el Árbol va hacia el Sol!
Mas esta experiencia solo puede nacer de tí, porque en cada hoja el Árbol se conoce a si mismo en una etapa, y en un camino, y en cada hoja respira de una forma y siente de una forma. Y es el equilibrio de todas, el Amor que une a todas ellas, lo que lo hace crecer en el conocimiento de sí.
Olvídate de ser una hoja para ser Árbol. Siente por las hojas que ves fuera de ti tanto como sientes por "ti misma" y estarás en el camino de ser Árbol. Y así se irá ampliando tu conciencia de ti misma. Debes saber que en la Realidad Objetiva tú eres más árbol que hoja.
Y diciendo esto guardó silencio y todas sintieron en lo mas profundo de su ser que el Árbol había hablado en ella y que algo empezaba a hablarles dentro de "ellas mismas".
Y cuando aquel año vino el Viento de las Circunstancias y las lanzó a unas contra otras, ellas estaban alegres, porque de esta forma entraban en contacto y se comprendían en las demás."

jueves, 30 de diciembre de 2010

El poder de la palabra

Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo. Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuán hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas. Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles.

Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demás decían y se rindió. Se desplomó y murió. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo.

Cuando salió, las otras ranas le preguntaron:

- ¿No escuchaste lo que te decíamos?

La rana les explicó que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse más para salir del hoyo.

Esta historia contiene dos lecciones:

Primero: La lengua tiene poder de vida y muerte. Una palabra de aliento compartida con alguien que se siente desanimado puede ayudar a levantarlo y finalizar el día.

Segundo: Una palabra destructiva dicha a alguien que se encuentra desanimado puede ser que acabe por destruirlo. Cualquiera puede decir palabras que roben a los demás el espíritu que les lleva a seguir en la lucha en medio de tiempos difíciles.

Tengamos cuidado con lo que decimos. Pero sobre todo con lo que escuchamos, no siempre hay que prestar atención, utilicemos sólo lo que es bueno. Hablemos de vida, de alegría, de esperanza, a todos aquellos que se cruzan en nuestro camino. Ese es el poder de las palabras. . .A veces es difícil comprender que una palabra de ánimo pueda hacer tanto bien ¿no te parece?

lunes, 20 de diciembre de 2010

El plantador de dátiles (Jorge Bucay)

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Elihau de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.

Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Elihau transpirando, mientras parecía cavar en la arena.


-¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.


-Contigo -contestó Elihau sin dejar su tarea.


-¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?


-Siembro -contestó el viejo.


-¿Qué siembras aquí, Elihau?


-Dátiles -respondió Elihau mientras señalaba a su alrededor el palmar.


-¡Dátiles! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez comprensivamente-. El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.


-No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…


-Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?


-No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé… lo he olvidado… pero eso ¿qué importa?


-Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años de crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.


-Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar estos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque sólo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.


-Me has dado una gran lección, Elihau, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste -y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.


-Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto, y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.


-Tu sabiduría me asombra, anciano. Esta es la segunda gran lección que me das hoy y es quizás más importante que la primera. Déjame pues que pague también esta lección con otra bolsa de monedas.


-Y a veces pasa esto -siguió el anciano y extendió la mano mirando las dos bolsas de monedas-: sembré para no cosechar y antes de terminar de sembrar ya coseché no sólo una, sino dos veces.


-Ya basta, viejo, no sigas hablando. Si sigues enseñándome cosas tengo miedo de que no me alcance toda mi fortuna para pagarte…



Jorge Bucay

domingo, 26 de septiembre de 2010

"El león sediento" (Relato hindú)


En una ocasión, un león se aproximó hasta un lago de aguas espejadas 
para calmar su sed y, al acercarse, vio su rostro reflejado en ellas y pensó:
            -¡Dios!, este debe ser el león tan temido.  
Tengo que tener mucho cuidado con él.
Atemorizado, se retiró de las aguas, pero tenía tanta sed 
que regresó a las mismas.  
Allí estaba otra vez el 'león'.  ¿Qué hacer?  
La sed lo devoraba y no había otro lago cercano.
 
  Retrocedió.  Unos minutos después volvió a intentarlo 
y al ver al 'león', abrió las fauces amenazadoramente, 
pero al comprobar que el otro 'león' hacía lo mismo, 
sintió terror.  Salió corriendo, pero ¡era tanta la sed!
Lo intentó varias veces de nuevo, pero siempre huía espantado.  
Pero como la sed era cada vez más intensa, 
tomó finalmente la decisión de beber agua del lago sucediera lo que sucediese.  
 
Así lo hizo.  Y al meter la cabeza en las aguas, ¡el 'león' desapareció!
 
El Maestro dice:  
"Muchos de nuestros temores son imaginarios. 
Sólo cuando los enfrentamos, desaparecen"
.

No dejemos que nuestra imaginación descontrolada 
usurpe el lugar de la realidad,
 ni nos perdamos en las creaciones y reflejos de nuestra propia mente.

(Relato Hindú)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Solo quiero aire (cuento sufi)


Un joven fue a ver a un sabio maestro y le preguntó:
-Señor, ¿qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?.
El sabio no contestó. El joven después de repetir su pregunta varias veces con el mismo resultado se marchó y volvió al día siguiente con la misma demanda. No obtuvo ninguna respuesta y entonces volvió por tercera vez y repitió su pregunta:
-¿Qué debo hacer para conseguir lo que yo quiero?
El sabio le dijo:
-Ven conmigo.
Y se dirigieron a un río cercano. Entró en el agua llevando al joven de la mano y cuando alcanzaron cierta profundidad el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua y pese a los esfuerzos del joven por desasirse de él, allí lo mantuvo. Al fin lo dejó salir y el joven respiró recuperando su aliento. Entonces preguntó el sabio:
-Cuando estabas bajo el agua, ¿qué era lo que más deseabas?
Sin vacilar contestó el joven:
-Aire, quería aire.
-¿No hubieras preferido mejor riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?
–No, señor, deseaba aire, necesitaba aire y solo aire -fue su inmediata respuesta.
-Entonces -contestó el sabio-, para conseguir lo que tú quieres debes quererlo con la misma intensidad que querías el aire, debes luchar por ello y excluir todo lo demás. Debe ser tu única aspiración día y noche. Si tienes ese fervor, conseguirás sin duda lo que quieres.