martes, 14 de abril de 2009

El espejo

Renato casi no vio a la señora, que estaba en el coche parado, al costado de la carretera. Llovía fuerte y era de noche. Pero se dió cuenta que ella necesitaba de ayuda... Así, detuvo su coche y se acercó.
El coche de la señora olía a pintura, de tan nuevo. La señora pensó que pudiera ser un asaltante. Él no inspiraba confianza, parecía pobre y hambriento... ...Renato percibió que ella tenía mucho miedo y le dijo: “Estoy aqui para ayudarla señora, no se preocupe. ¿Por qué no espera en el coche que está más calentito? A propósito, mi nombre es Renato”...

...Bueno, lo que pasaba es que ella tenía una rueda pinchada y para colmo era una señora de edad avanzada, algo bastante incómodo. Renato se agachó, colocó el gato mecánico y levantó el coche. Luego ya estaba cambiando la rueda. Pero quedó un poco sucio y con una herida en una de las manos...

...Cuando apretaba las tuercas de la rueda ella abrió la ventana y comenzó a conversar con él. Le contó que no era del lugar, que sólo estaba de paso por alli y que no sabía cómo agradecer por la preciosa ayuda. Renato apenas sonrió mientras se levantaba...

...Ella preguntó cuánto le debía. Ya había imaginado todas las cosas terríbles que podrían haber pasado si Renato no hubiese parado para socorrerla. Renato no pensaba en dinero, le gustaba ayudar a las personas... ...Este era su modo de vivir. Y respondió: “Si realmente quisiera pagarme, la próxima vez que encontrase a alguien que precise de ayuda, dele a esa persona la ayuda que ella necesite y acuérdese de mí”...

...Algunos kilómetros después, la señora se detuvo en un pequeño restaurant. La camarera vino hasta ella y le trajo una toalla limpia para que secase su mojado cabello y le dirigió una dulce sonrisa... ...La señora notó que la camarera estaba con casi ocho meses de embarazo, pero por ello no dejó que la tensión y los dolores le cambiaran su actitud...

...La señora quedó curiosa en saber cómo alguien que teniendo tan poco, podía tratar tan bien a un extraño. Entonces se acordó de Renato. Después que terminó su comida, y mientras la camarera buscaba cambio, la señora se retiró...

...Cuando la camarera volvió quiso saber a dónde la señora pudo haber ido, cuando notó algo escrito en la servilleta, sobre la cual tenía 4 billetes de 1000 euros...
...Le cayeron las lágrimas de sus ojos cuando leyó lo que la señora escribió. Decía: - Tú no me debes nada, yo tengo bastante. Alguien me ayudó hoy y de la misma forma te estoy ayudando. Si tú realmente quisieras reembolsarme este dinero, no dejes que este círculo de amor termine contigo, ayuda a alguien...

...Aquella noche, cuando fue a casa, cansada, se acostó en la cama; su marido ya estaba durmiendo y ella quedó pensando en el dinero y en lo que la señora dejó escrito... ...¿Cómo pudo esa señora saber cuánto ella y el marido precisaban de aquel dinero?. Con el bebé que estaba por nacer el próximo mes, todo estaba difícil...
...Quedó pensando en la bendición que había recibido, y dibujó una gran sonrisa... ...Agradeció a Dios y se volvió hacia su preocupado marido que dormía a su lado, le dió un beso suave y susurró: -Todo estará bien: ¡te amo...Renato!

No te contagies de la falta de amabilidad que nos rodea .

No dejes de hacer el bien, ayuda a todo el que te necesite.

LA VIDA ES ASÍ... UN ESPEJO... TODO LO QUE TÚ DAS, ¡ VUELVE A TI !

lunes, 13 de abril de 2009

Voluntad de acero - Oscar Pistorius

No hay nada que pueda impedir que consigas tus metas.

Adelgazar 1.- ¿Estás convencido de que quieres perder peso?

La pregunta parece estúpida, pero, sin embargo, es obvia, ya que, al igual que afirmamos que si quieres puedes, la misma afirmación implica que si no quieres, no podrás jamás, ya que los únicos milagros que existen son los que tú eres capaz de realizar.

“¡Pues, claro que quiero, dirás, si no, no estaría leyendo esto!”

La cuestión es que, si quieres estar esbelto y estás gordo, hay una parte de tu subconsciente que no está de acuerdo contigo en todo…

La medicina ha interpretado que la manera de comer del obeso responde a algún tipo de debilidad. Ello propicia la aparición de drogas que actúan sobre el sistema nervioso central quitando el apetito, o anulando en apariencia la sensación de hambre.

Sin embargo, cuando se abandona la dieta y las pastillas, se vuelve a recuperar peso, vuelve la ansiedad y, lejos de mejorar la calidad de vida, empeora.

Cualquier tipo de cambio que quieras producir en tu vida, necesita de aceptación y decisión, es decir, debe provenir de tu interior, de tu férrea voluntad de mejorar.

Sin tu aprobación, no hay dieta ni cursos que te adelgacen. La magia, aquí, está solo en ti.

Como hemos visto en otros espacios, tu subconsciente posee múltiples subpersonalidades que son las que determinan los hábitos, es decir, las costumbres arraigadas en nuestras convicciones. Cada una de ellas, se originó en un momento de tu vida, como reacción a algún acontecimiento, a algún mandato, etc., dando lugar a una manera de actuar y reaccionar ante determinados impulsos.

Hagamos un primer ejercicio:

¿Cuánto sabes de ti?

Toma papel y lápiz y busca un lugar cómodo donde nadie te moleste, apaga tu móvil y cualquier otra cosa que pueda interrumpirte, porque vas a trabajar para suministrarle información a tu subconsciente.

Siéntate cómodamente, haz tres respiraciones lentas y profundas y recuerda algún momento de cuando eras niño (si tienes una foto, puedes inspirarte mejor en ella), vas a centrar tus recuerdos en esa época.

Haz una lista de todo lo positivo que viene a tu mente de esa época. No tengas prisa. Anota todo lo que te venga a la cabeza y te produzca buena sensación. Palabras, situaciones, momentos, sentimientos, comentarios, todo lo que te venga a la mente y fuera positivo para ti en esa época.

Bien, esto ha sido agradable ¿no?

Ahora reserva a un lado ese papel y toma otro para realizar una nueva lista.

Nuevamente toma tres respiraciones lentas y profundas y centra tu recuerdo en ese momento de tu vida. Intenta identificarlo lo más vívidamente posible, recordando, si es posible, olores, colores, sensaciones, vivencias, ...

En el nuevo papel elabora una lista de todo lo negativo que recuerdes de esa época. Posiblemente, escribir esas cosas te despierte cierto enfado y mala disposición, mejor, escribe lo que sientes. Recuerda comentarios desagradables (“el plato lo quiero limpio” “cómetelo todo, con la de niños que hay muriéndose de hambre y tú despreciando la comida” y cosas así), otras experiencias desafortunadas, pero, recuerda que estamos buscando tu relación con el peso y con la comida, no nos importan, de momento, otras experiencias, a no ser que tengan relación directa con tu reacción con la comida.

Bien, ahora dispones de una información valiosísima. Analiza cada una de las hojas con detenimiento (puedes ampliar su contenido, si te vienen a la mente nuevas sensaciones de la época, en relación a la alimentación y a tu relación con la comida), lo más probable es que encuentres un montón de indicadores que detonaron alguna de tus actuales conductas relativas a la comida.

Ahora tienes un conocimiento más exhaustivo de una parte muy importante de ti. Más adelante veremos qué hacer con esa información.

De momento, te propongo un juego que te va a gustar:

Tienes ante ti dos papeles parecidos en la forma, pero muy diferentes por sus contenidos. Una vez hayas meditado y analizado lo que has escrito, toma la hoja de papel con las notas negativas y vuelve a leerla.

¿No te gustaría romperla? Hazlo, retuércela, muérdela, rómpela, hazla trocitos.
Ahora, recoge todos los trocitos, arrójalos a la taza del baño y tira de la cadena. Observa cómo desaparecen tus malas sensaciones. Se las lleva el agua…

Ahora, relájate, respira hondo y toma la hoja de papel con la nota positiva y adórnala. Pásalo a limpio, si te apetece, perfúmalo, ponle un lazo…, cualquier cosa que te apetezca y que lo haga bonito. Puedes guardarla en tu rincón favorito y releerla cuando te parezca.

Zanahoria, huevo o café

El oro para ser purificado debe pasar por el fuego, así como el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las pruebas?

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?". "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?". Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?. ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?"

Y hoy te lo pregunto yo a ti... ¿Cómo eres tú, mi querido amigo?. ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?. ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable. Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido?. Por fuera te ves igual, pero... ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?. ¿O eres como un grano de café?. El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. ¡Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor!. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor... ¡tú reaccionas mejor! y haces que las cosas a tu alrededor mejoren. ¿Cómo manejas la adversidad?. ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?. Piénsalo...

Pigmalión y Galatea

El escultor chipriota Pigmalión era un hombre solitario, que no quería comprometerse con ninguna mujer. Un día comenzó a esculpir la efigie de una doncella y, poco a poco, la fue cincelando con tanto amor y devoción que hizo la más perfecta estatua que jamás hubo visto ojo humano.

Pigmalión le puso un lindo traje y una guirnalda de flores en la cabeza y le dio un apasionado beso, pero su tristeza era infinita porque se había enamorado de una simple escultura.

Venus, la diosa del amor, que lo observaba inmóvil frente a su obra, un día tuvo lástima de él. Pasó al lado de la estatua y, con un solo soplo, dio vida a tan magnífica belleza. La estatua se bajó de su pedestal y suavemente se acercó a Pigmalión, que no salía del asombro.

Así nació Galatea quién se convirtió en la esposa del artista y la madre de Phapos. Tan poderosa fue la expectativa de Pigmalión que sus deseos y su amor se convirtieron en realidad.

domingo, 12 de abril de 2009

El jardín y las malas hierbas

Cuenta la leyenda que cierto hidalgo quiso un día plantar un jardín frente a su mansión, y para ello seleccionó las mejores semillas de las más bellas flores.

Preparó el suelo, sembró las semillas y, algunos meses más tarde, empezaron a brotar los hermosos y coloridos especimenes.

Pero por desgracia, entre las flores había arraigado también una mala hierba bastante común en la región.

Sin saber qué hacer, el hidalgo contrató los servicios de varios jardineros, pero ninguno acertó a solucionar el problema. Desesperado, mandó llamar al jardinero más consagrado de aquellas tierras, el que cuidaba los jardines del palacio real.

Después de hacerle algunas preguntas, el jardinero del rey se puso a contemplar el jardín.

Unos instantes más tarde, miró al caballero y le espetó:

-Estaría bien que empezara su señoría a quererlas.

Amor materno

Los trabajos de Michael Meaney, de la McGill Universitiy en Montreal (Canadá) han demostrado que ratas nacidas de madres poco amorosas repetían el comportamiento de sus progenitoras con sus propias crías.


Sin embargo, cuando las hijas de las descuidadas madres eran criadas por otras cariñosas y solícitas dejaban de lado la genética y se volvían como sus progenitoras adoptivas.


En la siguiente generación, aquellas que estaban abocadas por sus genes a no ocuparse de sus vástagos dieron un golpe de timón y cambiaron el curso de su descendencia.


Si algo así se puede lograr con sólo el instinto animal, imaginemos hasta dónde se puede llegar con la voluntad consciente. Definitivamente “querer es poder”.


Los cambios que incorporamos a nuestro comportamiento a base de cultivar lo mejor de nosotros mismos se transmiten a las generaciones futuras igual que ocurre con el color de los ojos o de la piel.


La ciencia lo ha constatado con animales de laboratorio en los que es posible hacer un estudio tan complejo.

Citas: Richard Bach



Los semejantes se atraen.

Limítate a ser quien eres: sereno, transparente y brillante.

Cuando irradiamos lo que somos, cuando sólo hacemos lo que deseamos hacer, esto aparta automáticamente a quienes nada tienen que aprender de nosotros y atrae a quienes sí tienen algo que aprender y también algo que enseñarnos.

Richard Bach

El niño con mal carácter

Hoy os dejo una pequeña fábula que leí hace años y de la que ignoro su autoría. Nos enseña que es sumamente importante que controlemos nuestras palabras, al igual que nuestros pensamientos, porque no somos conscientes del impacto que ello puede tener en nuestras vidas o en las de los demás.

Había una vez un niño con muy mal carácter, siempre estaba enojado y era raro verlo sonreír, ya que siempre estaba de mal talante.

Su padre le dio una bolsa llena de clavos y le dijo que clavara uno en la cerca del jardín cada vez que, por alguna razón, perdiera la paciencia y se disgustara con alguien.

El primer día clavó 37 clavos.

Pero con el transcurso de las semanas, aprendió a controlarse y el número de clavos incrustados en la cerca disminuyó día tras día: Había descubierto que era más fácil controlarse que clavar clavos en la cerca.

Semanas después fue a ver a su padre y le dijo que durante todo ese día no había tenido que clavar ni un solo clavo.

Su padre le dijo entonces que, a partir de ese momento, quitara un clavo de la cerca por cada día que pasara sin que perdiera la paciencia.

Los días pasaron y finalmente el niño pudo decirle a su padre que había arrancado todos los clavos de la valla.

El padre condujo a su hijo a la cerca y le dijo:

"Hijo mío, te has comportado bien, pero mira todos los agujeros que hay en la cerca. Esta valla jamás volverá a ser como antes. Cuando te peleas con alguien y le dices algo que le hiere o le maltrata, le causas una herida como ésta."

"Puedes clavar un cuchillo en un hombre y después retirarlo, pero quedará siempre una herida. Sin importar cuantas veces te disculpes, la cicatriz permanecerá."

Una herida verbal hace tanto daño como una herida física.

"Uno no vive de lo que come, sino solamente de lo que digiere. Principio tan cierto para el cuerpo, como para el espíritu." Benjamín Franklin.

sábado, 11 de abril de 2009

Taller de Crecimiento: 5.- 12 aspectos que pueden subir tu autoestima

1) Haz un inventario de tus cualidades personales.

2) Arréglate, vístete bien, no importa la ocasión, siempre es bueno y sobre todo piensa que lo haces primero por ti, porque lo vales.

3) Lee libros de enriquecimiento y de superación profesional.

4) Asiste y escucha conferencias motivacionales.

5) Emprende algo, inicia un proyecto.

6) Pertenece a un club de personas positivas.

7) Reúnete con personas entusiastas.

8) Escribe una lista de tus victorias y éxitos pasadas y léelas con frecuencia.

9) Evita ver películas de terror, suspense o violencia.

10) Habla en público, dicta conferencias.

11) Aprende del fracaso.

12) Haz algo por alguien.


Te aseguro que, si practicas diariamente, por lo menos cinco de estos puntos, tu calidad de vida mejorará de una manera extraordinaria.

Recuerda que la madre de toda habilidad es la práctica.

No tengas miedo al fracaso; éste suele aportamos información muy valiosa en las diferentes opciones de mejora que nos presenta.

Taller de Crecimiento: 4 Tu identidad (2)

Ahora ya sabes que el poder de tu iden­tidad es enorme, pero ¿qué pasaría si no estuvieras de acuerdo con tu propia identidad?, ¿Qué tal con la identidad de "soy gordo o gorda", "soy un enfermo terminal", "soy un metepatas" o “soy un fumador empedernido”? Nada agradable, ¿no?
Pues si conseguiste escribir justificaciones para ese tipo de identidades, tengo que decirte que, afortunadamente, estás equivocado. Y, mira que digo estás equivocado, y no te digo que eres un equivocado. Porque la diferencia entre ser y estar es abismal.

Cuando decimos ser esta­mos hablando de nuestra identidad, pero, cuando decimos estar, tan sólo describimos parte de nosotros, pero eso no es todo lo que somos.

La fuerza que ejercen las pa­labras sobre la construcción de nuestra vida, de nuestra propia identidad, es más grande de lo que te imaginas. Por eso debes cuidar tus creencias.

AUTOESTIMA

La autoestima es la clave más importante para lograr el éxito en los dife­rentes campos de nuestra vida.

Tener una alta autoestima implica:

1) Confianza en nuestra capacidad de pensar y de afrontar los desafíos básicos de la vida, y...

2) Confianza en nuestro derecho a ser felices, al sentimiento de ser dig­nos, de merecer, de tener derecho a afirmar nuestras necesidades y a gozar de los frutos de nuestros esfuerzos.

Una de las principales fuentes de la angustia existencial es cuando nos valoramos a nosotros mismos con respecto a los demás.

La autoestima es un juicio definitivamente personal de dignidad que se expresa en las actitudes de uno hacia sí mismo.

Por un lado, la familia perfecta no existe. Siempre se presentan ciertos padecimientos neuróticos en el núcleo familiar: el trastorno obsesivo-compulsivo, la depresión, delirios de grandeza, etc. Por otra parte, al salir de casa nos topamos con una gran cantidad de personas; muchas de ellas también presentan cuadros neuróticos e incluso podríamos encontrar varios sicóticos.

Todas estas personas influyen o han influido de alguna manera en nuestra autoestima.

La auto estima lo que nos fortalece ante cualquier desafío.

Uno de los mayores errores que podemos cometer es valorarnos con respecto a otros. Hacerlo merma nuestra autoestima, genera ansiedad y dolor.

Las columnas que mantienen nuestra autoestima son dos: Autoeficacia y Autodignidad. La primera se refiere a la confianza que tenemos en el funcionamiento de nuestras capacidades men­tales como pensar, facilidad de palabra, cálculos matemáticos, cúmulo de conocimientos, etc. Por otra parte, la autodignidad se refiere a la seguridad de mi propio valor siendo una actitud afirmativa hacia mi derecho de vivir y ser feliz.

Existen varias estrategias para incrementar nuestra autoestima, sin embar­go, la más importante de todas ellas es creer en uno mismo.

¿Por qué necesitamos autoestima? Pues por una gran razón: el ser humano, pro­piamente humano, tiene conciencia (capacidad de discernir) y responsabilidad, y aquí la autoestima es fundamental porque es la única manera de mantener encendida por más tiempo la luz de nuestra conciencia que, para sorpresa de muchos, podemos apagar a voluntad.

¿Cuántas ocasiones sabes de antemano que aquello que vas a hacer está mal?, ¿o que no te conviene, o te hace daño? Muchas, ¿verdad? Entonces, ¿por qué a pesar de ello lo haces? Pues porque tú mismo puede apagar la luz de tu conciencia a voluntad

Pero, recuerda que la verdadera autoestima se fundamenta en ti mismo, no en los bienes materiales alrededor de tu persona.

La auténtica autoestima es una íntima experiencia que habita en uno mismo, y nadie en el mundo puede ni debe decirnos cuánto valemos.

Tú eres más grande que tus problemas.

La fuente principal de la autoestima es el Conocimiento. Quien más sabe, mayor autoestima experimenta.

Además, existen otras fuentes directamente involucradas en nuestra autoesti­ma: la integridad del Ser, la conciencia, la voluntad de ser eficaz y, muy impor­tante, "el distanciamiento estratégico". Entiéndase por distanciamiento estratégico la prudente e inteligente distancia que debe existir entre ti y tus problemas.

Repite siempre:

Yo Soy más grande que mis problemas

Escríbelo con letras grandes y colócalo en un lugar donde diariamente los puedas leer. Los resultados de esta autosugestión son for­midables.

El paso definitivo: iniciar la acción concreta para obtener los resultados.

"No subordine su conciencia a sus deseos".

"Acéptate tal cual eres". La autoaceptación es la clave del concepto. Está bien que siempre queramos mejorar, pero eso no implica sufrir por nuestro estado actual. Por supuesto que puedes cambiar. Recuerda que siempre puedes cambiar tu propia identidad, pero no padezcas por tu estado actual.

Y, sobre todo, no apoyes tu valía tan sólo en tu físico.

Taller de Crecimiento: 3.-Tu identidad (1)

¿Quién eres? ¿Realmente sabes quién eres?

Es muy importante que te plantees esta pregunta, porque de lo que tu creas que eres, depende lo que tú eres.

A pesar de que somos seres humanos fundamentalmente espiri­tuales con un componente material, a un nivel más tangible, necesitamos responder a una identidad personal, no tan sólo a una identidad genérica. Y es tan importante la fuerza de nuestra propia identi­dad, que en base a ella nos comportamos.

Supón que te propongo realizar un crimen. Me imagino que habrás respondido que no, a no ser que seas un criminal, pero, ¿qué contestaría una persona con la convicción de que es un criminal? Pues, seguramente: “¿Qué hay que hacer? ¿Cuánto gano yo?”

Es enorme la fuerza que opera en nosotros cuando nos identificamos con alguien o con algo. Esa fuerza es la que nos lleva a actuar en consecuencia.

El ser humano siempre actúa en consecuencia a la identidad que percibe de sí mismo.

Cuando sentimos que alguien nos ofende, es momento de pensar que no es posible que nada ni nadie nos ofenda, lo único que sucede es que esa persona que nos grita y que intenta ofendernos, simplemente está haciendo lo propio de la persona con la identidad con la que se identifica. Lo cual, es un asunto suyo personal y no le confiere ningún poder en absoluto sobre nosotros.

Nuestro nacimiento, inicia una larga etapa para poder identificamos con nosotros mismos y actuar en consecuencia. Es posible que existan factores genéticos que nos favorezcan para tal o cual identidad, pero, ello tan sólo favorece, no determina.

¿Quién eres realmente? ¿Quieres saberlo?

Te propongo un ejercicio. Toma papel y lápiz, asegúrate de que nadie te va a molestar y disponte a escribir.

¿Quién eres? Haz una lista detallada de todas las características que te hacen ser tú. Tus cualidades, tus defectos, tus anhelos, tus desengaños, todo tú. (Hazlo y después sigues) Ej.: Soy simpático, soy bondadoso, soy optimista, soy vanidoso…

Bien. Una vez que tengas tu lista de quién eres, te voy a pedir que amplíes la información. Vas a listar todos tus comportamientos que avalan y demuestras lo anotado anteriormente, es decir, si has puesto “soy una persona alegre”, tienes que darme todas las acciones de tu vida que avalan esa característica.

Hazlo, verás que para algunas cosas encuentras más avales y demostraciones, son aquellas que verdaderamente eres.

Te aseguro que vas a aprender mucho de ti hoy.

El escorpión y la rana

Se encontraba un escorpión merodeando por el bosque, cercano a un río. Tenía la necesidad de cruzar el río pero, como sabes, los escor­piones no pueden entrar al agua porque mueren. Entonces, mientras el escorpión iba acercándose al río observó a lo lejos a una rana. Se acercó a ella y la saludó:

"Buenas tardes, Sra. Rana".

La rana se sorprendió al verlo y empezó a temblar de miedo.

"Buenas tardes, escorpión. Por favor, aléjate de mí".

"¿Qué le pasa, Sra. Rana? ¿Por qué me teme? Sé que mi fama no es muy buena, pero yo sólo vengo a pedirle un favor".

La rana, temerosa, le preguntó:

"¿Qué deseas, en qué te podría servir yo?".

''Necesito cruzar el río. Del otro lado se encuentra mi familia, mi esposa y mis cinco adorados hijos, tengo que verlos, creo que me necesitan. Pero, si me lanzo al río, moriría irremediablemente, y es por ello que le pido que me ayude a cruzar, yo me subo en su dorso y una vez del otro lado no la volveré a molestar. ¿Me ayuda?".

La rana, ante esa historia, dudó. Reflexionó que el escorpión no le podría hacer daño ya que si ella moría a la mitad del río, él mismo se estaría suicidan­do. Aún temerosa, respondió:

"Vamos, lo llevo".

Y así fue. El escorpión subió al dorso y juntos se adentraron en el río. Pero para sorpresa de la rana, a la mitad del río, el escorpión ¡clavó su aguijón en ella inyectándole su veneno!. La rana empezaba a morir y, sin embargo, alcanzó a decir unas palabras:

"Pero, escorpión, ¿por qué lo haces?, me estoy muriendo y ahora tú tam­bién te vas a morir, ni siquiera podrás ver a tu familia. ¿Por qué lo hiciste?, ¡por qué!".

El pequeño vivíparo, con una gran tranquilidad y con una voz grave, respondió:

"Por que soy un escorpión y eso es lo que hacemos los escorpio­nes”.

El cambio del águila

Ejercicios de Relajación 1

UNO

Acostados, boca arriba con los brazos y piernas estirados y las palmas de la mano hacia arriba. Cerramos los ojos e intentamos poner la mente en blanco, no pensar en nada.

Realizaremos respiraciones profundas lentamente, y en la expiración, mientras que echamos el aire diremos, mentalmente, las siguientes palabras. Cada una de ellas se dirá hasta veinte veces antes de pasar a la siguiente.

1º Estoy tranquilo
2º Estoy tranquilo + estoy pesado - (Por partes del cuerpo)
3º Estoy tranquilo + estoy caliente – (Por partes del cuerpo)
4º Estoy tranquilo

Una vez hecho esto abriremos los ojos lentamente y nos levantaremos con cuidado.

A que estás más relajado ;).

OTRO

Seguir los siguientes pasos:

1º Sentarse o estirarse en silencio en una postura cómoda
2º Cerrar los ojos
3º Relajar a fondo todos los músculos del cuerpo dejándolos "sueltos", apoyados en la superficie donde nos encontremos, como si tuviéramos la sensación de que esa parte nos pesara más de la cuenta
4º Empezar por los pies, pensar que nos están pesando, que se apoyan libremente sobre el sofá, cama, etc., avanzar lenta y progresivamente esta sensación de pesadez con el resto del cuerpo: las piernas, las manos, los brazos, el abdomen (sentir que toda la espalda se apoya relajadamente sobre la superficie donde nos encontremos) y así hasta los músculos de la cara. Mantenerlos relajados.
5º Respirar por la nariz. Tomar conciencia de la respiración. Al aspirar, decirse a sí mismo la palabra "uno", luego "dos", y así progresivamente. Respirar con naturalidad, no profundamente.
6º Continuar durante diez a veinte minutos. Pueden abrirse los ojos, para comprobar el tiempo, pero no utilizar un despertador ni un sistema de alarma. Al terminar, permanecer sentado durante algunos minutos más, primero con los ojos cerrados y después abiertos. No levantarse hasta que hayan pasado algunos minutos.
7º No preocuparse por conseguir un nivel de relajación profunda. Mantener una actitud pasiva y dejar que la relajación se presente según su propio ritmo. Si aparecen pensamientos perturbadores, debe intentar ignorarlos no ocupándose de ellos y volviendo a repetir "uno". Con la práctica, la respuesta sobrevendrá sin apenas esfuerzo. Debe practicarse esta técnica una o dos veces al día, pero no durante las dos horas siguientes a una comida, porque los procesos digestivos interfieren en el surgimiento de la respuesta relajante.