lunes, 13 de abril de 2009

Adelgazar 1.- ¿Estás convencido de que quieres perder peso?

La pregunta parece estúpida, pero, sin embargo, es obvia, ya que, al igual que afirmamos que si quieres puedes, la misma afirmación implica que si no quieres, no podrás jamás, ya que los únicos milagros que existen son los que tú eres capaz de realizar.

“¡Pues, claro que quiero, dirás, si no, no estaría leyendo esto!”

La cuestión es que, si quieres estar esbelto y estás gordo, hay una parte de tu subconsciente que no está de acuerdo contigo en todo…

La medicina ha interpretado que la manera de comer del obeso responde a algún tipo de debilidad. Ello propicia la aparición de drogas que actúan sobre el sistema nervioso central quitando el apetito, o anulando en apariencia la sensación de hambre.

Sin embargo, cuando se abandona la dieta y las pastillas, se vuelve a recuperar peso, vuelve la ansiedad y, lejos de mejorar la calidad de vida, empeora.

Cualquier tipo de cambio que quieras producir en tu vida, necesita de aceptación y decisión, es decir, debe provenir de tu interior, de tu férrea voluntad de mejorar.

Sin tu aprobación, no hay dieta ni cursos que te adelgacen. La magia, aquí, está solo en ti.

Como hemos visto en otros espacios, tu subconsciente posee múltiples subpersonalidades que son las que determinan los hábitos, es decir, las costumbres arraigadas en nuestras convicciones. Cada una de ellas, se originó en un momento de tu vida, como reacción a algún acontecimiento, a algún mandato, etc., dando lugar a una manera de actuar y reaccionar ante determinados impulsos.

Hagamos un primer ejercicio:

¿Cuánto sabes de ti?

Toma papel y lápiz y busca un lugar cómodo donde nadie te moleste, apaga tu móvil y cualquier otra cosa que pueda interrumpirte, porque vas a trabajar para suministrarle información a tu subconsciente.

Siéntate cómodamente, haz tres respiraciones lentas y profundas y recuerda algún momento de cuando eras niño (si tienes una foto, puedes inspirarte mejor en ella), vas a centrar tus recuerdos en esa época.

Haz una lista de todo lo positivo que viene a tu mente de esa época. No tengas prisa. Anota todo lo que te venga a la cabeza y te produzca buena sensación. Palabras, situaciones, momentos, sentimientos, comentarios, todo lo que te venga a la mente y fuera positivo para ti en esa época.

Bien, esto ha sido agradable ¿no?

Ahora reserva a un lado ese papel y toma otro para realizar una nueva lista.

Nuevamente toma tres respiraciones lentas y profundas y centra tu recuerdo en ese momento de tu vida. Intenta identificarlo lo más vívidamente posible, recordando, si es posible, olores, colores, sensaciones, vivencias, ...

En el nuevo papel elabora una lista de todo lo negativo que recuerdes de esa época. Posiblemente, escribir esas cosas te despierte cierto enfado y mala disposición, mejor, escribe lo que sientes. Recuerda comentarios desagradables (“el plato lo quiero limpio” “cómetelo todo, con la de niños que hay muriéndose de hambre y tú despreciando la comida” y cosas así), otras experiencias desafortunadas, pero, recuerda que estamos buscando tu relación con el peso y con la comida, no nos importan, de momento, otras experiencias, a no ser que tengan relación directa con tu reacción con la comida.

Bien, ahora dispones de una información valiosísima. Analiza cada una de las hojas con detenimiento (puedes ampliar su contenido, si te vienen a la mente nuevas sensaciones de la época, en relación a la alimentación y a tu relación con la comida), lo más probable es que encuentres un montón de indicadores que detonaron alguna de tus actuales conductas relativas a la comida.

Ahora tienes un conocimiento más exhaustivo de una parte muy importante de ti. Más adelante veremos qué hacer con esa información.

De momento, te propongo un juego que te va a gustar:

Tienes ante ti dos papeles parecidos en la forma, pero muy diferentes por sus contenidos. Una vez hayas meditado y analizado lo que has escrito, toma la hoja de papel con las notas negativas y vuelve a leerla.

¿No te gustaría romperla? Hazlo, retuércela, muérdela, rómpela, hazla trocitos.
Ahora, recoge todos los trocitos, arrójalos a la taza del baño y tira de la cadena. Observa cómo desaparecen tus malas sensaciones. Se las lleva el agua…

Ahora, relájate, respira hondo y toma la hoja de papel con la nota positiva y adórnala. Pásalo a limpio, si te apetece, perfúmalo, ponle un lazo…, cualquier cosa que te apetezca y que lo haga bonito. Puedes guardarla en tu rincón favorito y releerla cuando te parezca.

1 comentario:

reinaymariposa dijo...

Es como si los recuerdos, positivos o negativos da igual, de mi niñez huebieran desaparecido... así a voz de pronto no consigo recordar ninguno... ninguna sensación...